Entre nosotrasEntre nosotras

El otro día en el ómnibus escuché a unas adolescentes de unos 12 o 13 años que volvían del liceo. Una de ellas mencionó a un chico diciendo adjetivos muy feos sobre él. Y las otras le respondieron: no hables mal de » fulanito». Ya no te creemos más. Ustedes dos se «curten a palos» y a la media hora ya están juntos de vuelta.

Y me quedé pensando que  este es el comienzo de una relación tóxica que con el tiempo puede llegar a desencadenar esto que hoy nos tiene a todos horrorizados: El femicidio.

Hablamos de posibles soluciones. Que si más tobilleras. Que si más control policial. Que si esto. Que si aquello. Etc. Etc.

Si. A corto plazo puede ser. Pero a largo plazo pasa por un compromiso serio de mi (vuestra) parte como madre, abuela, tía, madrina (ídem para los hombres como padres, abuelos, tíos, padrinos), de educar a mis (vuestros) niños en el respeto por la libertad del otro. Nadie le pertenece a nadie. Que decir «te amo» no significa decir «soy tuya». Que decir «sí, acepto vivir contigo» no es una sentencia de cadena perpetua. Que significa que viviré contigo mientras esté bien, mientras ambos seamos felices juntos. Que si uno de los dos no es feliz, entonces es momento de separarse. Y que eso no signifique comenzar una relación de odio. Enseñarles que se ama a la pareja con sus virtudes y sus defectos. Y que no se trata de cambiarlo para que se amolde a lo que yo aspiro. Y si sus defectos (o simplemente su conducta aunque no sea un defecto) me resultan insoportables, entonces terminamos la relación antes de llegar a que se convierta en nociva.
Eduquemos a nuestros niños varones que cuando una mujer dice «No» significa que NO QUIERE lo que sea que le esté proponiendo. Y que él DEBE respetar ese NO.

Eduquemos a nuestras niñas que deben aprender a ser independientes física y emocionalmente. Que no usen la manipulación ni el sexo para lograr cosas. Y que se alejen de ese hombre, por encantador que parezca, a la primera vez que le revise sus cosas, le prohíba usar tal o cual ropa o maquillaje, se enoje si ella sale con sus amigas o con su familia y, ni hablar, si la denigra (en público o en privado) o le impide estudiar o trabajar. Todas estas cosas suceden ANTES de los golpes. Cuando se llega al maltrato físico ya hace mucho tiempo que sucede el maltrato psicológico. Yo me comprometo a enseñar esto. ¿Y tú?

Elizabeth Moreira