Te quise tanto, Canario,

que todavía, me duele,

cuándo, me acuerdo de tí.

Tú bajaste del cielo, para mí,

un lucero azul y una estrella roja.

Me diste, moras maduras,

y duraznos, en sazón.

Las abejas, doradas de setiembre,

y el agua pura y fresca,

del arroyo murmurador.

La paz, de los campos,

los claveles del aire,

y las flores hermosas del mburucuyá.

Me llevaste de la mano,

a tocar, la luna de los cerros,

y en un potro blanco,

galopaste conmigo, noche adentro,

bebiéndonos los vientos.

Me enseñaste, a sembrar el trigo,

y a recoger las espigas,

a no temerle, a las tormentas,

ni a la oscuridad.

De una chiquilla, hiciste una mujer.

Y por todo eso, te sigo amando,

y tú, nunca, te olvidarás de mí.

Lola Petrone de Alonso